La realidad de Arequipa exige un cambio de paradigma inmediato en la gestión del riesgo. Según lo reportado por Revelación.pe, la capital regional no puede permitirse el lujo de esperar a que se materialice una catástrofe para actuar. La premisa es clara: existen las herramientas necesarias para prevenir los desastres, pero su aplicación efectiva depende de una voluntad política y social decidida.
El enfoque local debe priorizar la prevención sobre la reacción. En lugar de asumir el costo humano y económico posterior a un evento adverso, las autoridades y la ciudadanía deben aprovechar los mecanismos ya disponibles para mitigar vulnerabilidades. La espera no es una opción viable cuando se trata de la seguridad de la población arequipeña, como contamos en Arequipa y 16 regiones del sur enfrentan riesgo hídrico por déficit de lluvias.
Es fundamental que esta visión preventiva se traduzca en acciones concretas desde los gobiernos locales y regionales. La disponibilidad de herramientas no basta con su existencia; requiere gestión, inversión y compromiso para blindar a la región contra las amenazas naturales y sociales que la afectan.