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Crisis del gas golpea bolsillos de familias peruanas

Crisis del gas golpea bolsillos de familias peruanas

La escasez de GNV dispara precios de alimentos y transporte, llevando inflación a su punto más alto

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Las familias peruanas enfrentan una nueva preocupación en sus presupuestos domésticos. La crisis del gas natural vehicular (GNV) que atraviesa el país no solo ha afectado el transporte público, sino que ha desencadenado una cadena de aumentos que toca la mesa de cada hogar andino.

Doña María Quispe, comerciante del mercado de San Pedro en Cusco, lo siente en carne propia: "Antes traía mis papas de Pisaq por 15 soles el viaje, ahora me cobran 25. Y eso se refleja en el precio que tengo que poner a mis productos", cuenta mientras acomoda sus tubérculos nativos en su puesto.

La escasez de GNV ha obligado a los transportistas a recurrir a combustibles más caros como la gasolina y el diésel, incrementando significativamente sus costos operativos. Esta situación se traduce directamente en el aumento de pasajes y fletes, afectando toda la cadena de distribución de alimentos y productos básicos.

El impacto se siente en cada rincón del país

Según los primeros indicadores, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de marzo podría convertirse en el más alto de los últimos cuatro años. Los productos más afectados incluyen alimentos frescos, especialmente aquellos que requieren transporte desde zonas rurales hacia los centros urbanos.

En Huancayo, el transportista Julio Mendoza explica la difícil situación: "Mi camión funcionaba con GNV y gastaba 80 soles diarios. Ahora con gasolina gasto 180 soles. No me queda otra que subir el precio del flete, aunque eso afecte a mis clientes de toda la vida".

"La crisis del gas no es solo un problema de transporte, es un problema que llega a la olla de cada familia peruana"

Los sectores más vulnerables son los que más resienten estos incrementos. Las familias de menores ingresos, que destinan una mayor proporción de sus recursos a alimentos y transporte, ven reducido su poder adquisitivo de manera más dramática.

Productos andinos también se encarecen

Los tubérculos andinos, base de la alimentación en muchas comunidades, han experimentado alzas considerables. La quinua, la papa nativa y otros granos ancestrales que se transportan desde las alturas hacia los mercados urbanos enfrentan sobrecostos que se trasladan inevitablemente al consumidor final.

Rosa Mamani, productora de quinua de Puno, expresa su preocupación: "Cultivamos con tanto esfuerzo en nuestras tierras, pero ahora el costo de llevar nuestros productos al mercado se ha duplicado. Los intermediarios nos pagan menos y el consumidor paga más".

La situación se agrava cuando consideramos que muchas comunidades andinas dependen del transporte para acceder a servicios básicos y comercializar sus productos. El encarecimiento del combustible no solo afecta los precios, sino que puede llegar a aislar económicamente a algunas zonas rurales.

Buscando alternativas en tiempos difíciles

Ante esta coyuntura, algunas familias han comenzado a modificar sus patrones de consumo. En los mercados tradicionales se observa una mayor demanda por productos locales y de temporada, que no requieren largos trayectos de transporte.

"Ahora compramos más productos de los agricultores de aquí cerca. Es una forma de apoyar a nuestra comunidad y también de ahorrar un poco", comenta Carmen Flores, ama de casa del distrito de Wanchaq en Cusco.

Los gobiernos locales también buscan alternativas. Algunas municipalidades han implementado ferias itinerantes que acercan a los productores directamente a los consumidores, reduciendo los costos de intermediación y transporte.

Esta crisis del GNV pone en evidencia la vulnerabilidad de nuestro sistema económico ante las disrupciones en el sector energético. Para las familias peruanas, especialmente aquellas de menores recursos, representa un desafío más en su lucha diaria por mantener su calidad de vida.

Mientras las autoridades buscan soluciones estructurales al problema del gas, los peruanos demuestran una vez más su capacidad de adaptación y solidaridad comunitaria, valores profundamente arraigados en nuestra cultura andina.