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Destitución de José Jerí en Perú refleja la inestabilidad política que no logra frenar la economía

Destitución de José Jerí en Perú refleja la inestabilidad política que no logra frenar la economía

A solo cuatro meses de asumir la presidencia, el Congreso peruano destituyó a Jerí en un juicio político relámpago que agrava la crisis institucional

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La historia se repite en el Perú, y cada vez con mayor velocidad. José Jerí, quien asumió la presidencia de la República hace apenas cuatro meses y una semana, fue destituido ayer por el Congreso en un juicio político relámpago que dejó perpleja a buena parte de la ciudadanía. Siete acusaciones acumuladas fueron votadas en conjunto, sellando la salida anticipada de un mandatario que nunca logró consolidar su gobierno.

Para quienes seguimos de cerca la vida política peruana desde las comunidades, desde los mercados, desde las chacras y las plazas de nuestros pueblos andinos, la pregunta no es solo quién viene después, sino cómo seguimos adelante. ¿Cómo sigue funcionando un país cuya clase política parece empeñada en la autodestrucción?

Un juicio político que tomó por sorpresa al país

El proceso de destitución de Jerí fue calificado por analistas como "relámpago" debido a la rapidez con que se acumularon las acusaciones y se llevó a votación. Siete cargos distintos fueron agrupados y sometidos a un solo voto en el pleno del Congreso, una estrategia legislativa que generó cuestionamientos sobre el debido proceso y las garantías constitucionales del mandatario.

Los cargos incluyeron desde presuntas irregularidades en nombramientos hasta acusaciones de incapacidad moral, un recurso que el Parlamento peruano ha utilizado con creciente frecuencia en los últimos años. La votación resultó contundente, y Jerí se convirtió en el más reciente presidente en ser removido del cargo antes de completar su mandato.

Este episodio se suma a una cadena de inestabilidad que ha visto desfilar múltiples presidentes en un período extraordinariamente corto. Para las familias peruanas, especialmente en las regiones andinas más alejadas de Lima, cada cambio de gobierno significa una nueva promesa incumplida, un nuevo rostro que no alcanza a conocer las necesidades de quienes viven en las alturas.

Las elecciones de abril y un futuro incierto

El panorama se complica aún más cuando se mira hacia adelante. Las elecciones generales programadas para abril traerán nuevos rostros al escenario político, pero también nuevas incertidumbres. Perú sumará así un nuevo gobierno en medio de una rotación presidencial que ha erosionado profundamente la confianza ciudadana en las instituciones.

En las comunidades andinas, donde la participación electoral es un acto de esperanza colectiva, el desencanto crece. "Votamos, elegimos, y a los pocos meses ya no está", es un sentir que se escucha en Cusco, Puno, Ayacucho y Huancavelica. La democracia, que debería ser el camino para canalizar las demandas de los pueblos, se percibe cada vez más como un ejercicio vacío.

Los candidatos que se perfilan para los comicios de abril enfrentarán un electorado fragmentado, desconfiado y hastiado. La pregunta que muchos se hacen es si el próximo presidente logrará completar su mandato o si el ciclo de destituciones continuará.

La economía peruana: resistente pero no invulnerable

Uno de los aspectos más llamativos de la crisis política peruana es la aparente resiliencia de su economía. A pesar de la inestabilidad en Palacio de Gobierno, los indicadores macroeconómicos del país han mostrado una resistencia notable. El sol peruano se ha mantenido relativamente estable, la inflación ha tendido a controlarse y las exportaciones mineras siguen siendo el motor principal del aparato productivo.

Sin embargo, los especialistas advierten que esta resistencia tiene límites. La inversión privada, tanto nacional como extranjera, requiere certidumbre jurídica y estabilidad institucional para sostenerse en el largo plazo. Cada crisis política genera un costo invisible: proyectos que se postergan, inversiones que migran a otros destinos, reformas estructurales que nunca se implementan.

Para las economías locales de las regiones andinas, el impacto es más directo y doloroso. Los presupuestos de inversión pública se paralizan con cada cambio de gobierno, las obras de infraestructura quedan a medio construir y los programas sociales sufren interrupciones que afectan a las poblaciones más vulnerables.

El clamor de las comunidades: estabilidad y representación

Desde Pulso Andino, recogemos un sentir que trasciende las diferencias partidarias. Las comunidades quechua y aimara, los productores agrícolas de los valles interandinos, los comerciantes de las ferias dominicales, todos comparten una misma demanda: estabilidad.

No se trata de defender a un presidente u otro, sino de exigir que las instituciones funcionen, que los gobernantes cumplan sus mandatos y que las políticas públicas tengan continuidad. La identidad andina, forjada en siglos de resistencia y trabajo colectivo, merece un Estado que esté a la altura de su pueblo.

"Lo que necesitamos no es un presidente perfecto, sino uno que pueda gobernar el tiempo suficiente para que las cosas cambien de verdad", expresó una dirigente comunal de Huancavelica, resumiendo el sentir de miles.

La destitución de José Jerí es un capítulo más en una saga que parece no tener fin. Pero la fortaleza del Perú no está en sus palacios de gobierno, sino en su gente, en sus comunidades, en ese tejido social que sigue sosteniéndose a pesar de todo. La esperanza es que las próximas elecciones de abril marquen un punto de inflexión y no simplemente el inicio de un nuevo ciclo de inestabilidad.