Una contienda marcada por la incertidumbre
A poco más de un mes de las elecciones presidenciales del 13 de abril, el panorama político peruano refleja una profunda incertidumbre entre la ciudadanía. Según las últimas encuestas difundidas por Reuters, dos figuras de la derecha peruana —Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori, y Rafael López Aliaga, exalcalde de Lima— se ubican al frente de la contienda, aunque con cifras que están lejos de representar un respaldo contundente.
Lo más revelador de estos sondeos no son los nombres que lideran, sino el dato que habla por sí solo: la gran mayoría de peruanos y peruanas aún no ha decidido por quién votará. Este nivel de indecisión refleja un descontento generalizado con la clase política y una desconfianza que se ha ido acumulando tras años de crisis institucional.
Keiko Fujimori: un apellido que divide al país
Keiko Fujimori, lideresa de Fuerza Popular, no es nueva en estas lides. Esta sería su cuarto intento por alcanzar la presidencia del Perú, un camino marcado por derrotas ajustadas y procesos judiciales que la han mantenido en el centro de la controversia nacional. Su padre, Alberto Fujimori, gobernó el país durante una década (1990-2000) y fue encarcelado por crímenes de lesa humanidad y corrupción antes de ser indultado.
Para muchas familias peruanas, especialmente en las zonas andinas y rurales más golpeadas por la violencia política de los años 90, el apellido Fujimori evoca sentimientos encontrados. Hay quienes recuerdan la pacificación del país y la derrota de Sendero Luminoso; hay quienes cargan las heridas de las esterilizaciones forzadas y las violaciones a los derechos humanos.
A pesar de este legado polarizante, Keiko Fujimori mantiene una base electoral sólida, aunque insuficiente para ganar en primera vuelta. Las encuestas la sitúan entre los primeros lugares, pero con porcentajes que apenas superan la barrera de los dos dígitos.
López Aliaga: el empresario conservador que busca capitalizar el descontento
Rafael López Aliaga, líder del partido Renovación Popular y exalcalde de Lima, representa otra vertiente del espectro derechista peruano. Con un perfil ultraconservador en lo social y liberal en lo económico, López Aliaga ha construido su discurso alrededor de la lucha contra la corrupción y la inseguridad ciudadana, dos temas que golpean diariamente a las comunidades peruanas.
Su gestión como alcalde de Lima le dio visibilidad nacional, aunque también generó críticas por la falta de resultados tangibles en una capital que sigue enfrentando graves problemas de transporte, seguridad y servicios básicos. Aun así, su mensaje directo y su capacidad para conectar con sectores conservadores de la sociedad le permiten mantenerse competitivo en los sondeos.
La indecisión como protagonista: un pueblo que busca representación
Quizás el dato más significativo de estas encuestas es el que no tiene rostro ni nombre propio: la enorme proporción de ciudadanos que aún no sabe por quién votar. En un país donde la confianza en las instituciones democráticas ha caído a niveles históricos, esta indecisión no es simplemente apatía; es el reflejo de una sociedad que no se siente representada.
Perú ha atravesado una turbulencia política sin precedentes en los últimos años. Desde 2016, el país ha tenido seis presidentes, incluyendo la destitución de Pedro Castillo en diciembre de 2022 tras su fallido intento de disolver el Congreso. La actual presidenta, Dina Boluarte, enfrenta niveles de aprobación extraordinariamente bajos, y las protestas sociales que siguieron a su asunción dejaron decenas de muertos, muchos de ellos en las regiones andinas del sur.
Para las comunidades del interior del país —campesinos, artesanos, familias que sostienen las tradiciones ancestrales— la política limeña se siente cada vez más lejana. Las promesas de desarrollo, inclusión y respeto a la diversidad cultural rara vez se concretan, sin importar quién ocupe Palacio de Gobierno.
¿Qué espera la ciudadanía de estas elecciones?
Las encuestas también revelan que los temas prioritarios para los votantes peruanos son la seguridad ciudadana, la economía familiar y la lucha contra la corrupción. La inseguridad ha crecido de manera alarmante en todo el territorio nacional, con extorsiones, sicariato y crimen organizado afectando tanto a las grandes ciudades como a las pequeñas comunidades andinas y amazónicas.
En el plano económico, si bien Perú mantiene indicadores macroeconómicos relativamente estables, la realidad cotidiana de millones de familias es otra: informalidad laboral que supera el 70%, acceso limitado a servicios de salud y educación de calidad, y una brecha entre Lima y las regiones que no deja de crecer.
"Lo que la gente pide no es un candidato perfecto, sino alguien que escuche de verdad, que conozca cómo se vive en un pueblo de la sierra o en un caserío de la selva", señalan analistas que siguen de cerca el sentir popular en las regiones.
Un camino todavía abierto
Con más de un mes por delante y una proporción tan alta de votantes indecisos, la carrera presidencial peruana está lejos de estar definida. Las alianzas de última hora, los debates presidenciales y los eventos inesperados pueden cambiar drásticamente el tablero electoral.
Lo que parece claro es que Perú necesita más que un cambio de nombre en la presidencia. Necesita una reconexión profunda entre quienes gobiernan y quienes, desde las comunidades más alejadas del país, siguen sosteniendo con sus manos y su cultura la identidad de una nación diversa y resiliente. Estas elecciones serán, una vez más, la prueba de si la democracia peruana puede responder a ese anhelo colectivo.