Un mes después del sismo de magnitud 5.4 que afectó a la región Junín, la situación en Pumpunya se mantiene crítica y sin resolución definitiva para las familias damnificadas. Según el reporte publicado por Redacción El Búho el 30 de agosto de 2026, la emergencia humanitaria continúa vigente en esta localidad, donde muchas personas aún conviven con viviendas dañadas o destruidas. La falta de condiciones mínimas de seguridad y habitabilidad se ha convertido en la realidad diaria para los residentes que esperan la materialización de las ayudas prometidas por las autoridades.
Deficiencias en servicios básicos y vivienda
Dentro del cuadro de vulnerabilidad, algunas familias reportan la ausencia total de agua potable y electricidad. Esta carencia infraestructural se suma al deterioro físico de sus hogares, obligando a los damnificados a vivir precariamente mientras aguardan por soluciones habitacionales estables. La situación ha sido agravada por un caso trágico que evidencia las consecuencias directas del desplazamiento forzado: la muerte de Felisa Román tras permanecer varios días en una carpa improvisada.
Avances insuficientes y advertencias climáticas
A pesar de los anuncios oficiales sobre la entrega de 500 módulos temporales para las familias afectadas, el avance real ha sido significativamente menor. Al momento del reporte, solo se han instalado 48 unidades habitacionales provisionales en Pumpunya. Esta cifra representa una fracción mínima de la necesidad total y evidencia un rezago considerable en la respuesta institucional.
Ante este escenario, Defensa Civil emitió advertencias sobre el clima futuro para Junín. La entidad señala que las lluvias están previstas nuevamente entre octubre y noviembre del presente año. Este pronóstico meteorológico representa una amenaza directa para las familias vulnerables que aún no cuentan con refugios seguros, incrementando los riesgos sanitarios y estructurales en la zona.