En el corazón de Surquillo, una madre trabajadora libra una batalla que va más allá de las cicatrices físicas que marcan su rostro. Vivian Quisperima, manicurista de profesión, enfrenta cada día las secuelas de un brutal ataque que cambió su vida para siempre y que hoy la impulsa a exigir justicia con la fuerza de quien ha sobrevivido a lo impensable.
El ataque que sufrió Vivian no fue producto del azar ni de un arrebato momentáneo. Tres mujeres la agredieron con saña, utilizando una hoja de afeitar como arma para marcar su rostro de manera deliberada y cruel. El resultado fueron 60 puntos de sutura que ahora forman un mapa de dolor en su cara, pero también de resistencia y determinación.
Una agresión que conmociona a la comunidad
Los hechos ocurrieron en circunstancias que aún investiga la policía, pero lo que queda claro es la brutalidad del ataque. Vivian, quien se dedicaba a brindar servicios de manicure para sostener a su familia, se vio envuelta en una situación que jamás imaginó vivir. La agresión no solo dejó marcas físicas profundas, sino que también impactó emocionalmente a toda su familia y a los vecinos del distrito.
"Mi hermana es una mujer trabajadora, honesta, que nunca se metió con nadie", cuenta un familiar cercano, quien prefiere mantener el anonimato por seguridad. "Lo que le hicieron es inhumano. Esas heridas no se las merece nadie, y menos alguien que solo trabajaba para salir adelante".
La familia clama por justicia
Los familiares de Vivian no permanecen en silencio ante esta agresión. Han interpuesto una denuncia formal por intento de homicidio, considerando que el uso de una hoja de afeitar en el rostro pudo haber tenido consecuencias fatales si hubiera afectado arterias vitales o los ojos de la víctima.
"Exigimos que se haga justicia. Mi familiar no puede quedar marcada de por vida mientras sus agresoras andan libres por las calles como si nada hubiera pasado"
La denuncia presentada ante las autoridades busca que se tipifique el delito en su real dimensión. Para la familia, no se trata solo de lesiones graves, sino de un intento de homicidio que debe ser investigado y sancionado con todo el peso de la ley.
El impacto en una mujer trabajadora
Vivian representaba el esfuerzo silencioso de miles de mujeres peruanas que trabajan día a día para sacar adelante a sus familias. Su profesión como manicurista no solo le permitía generar ingresos, sino que también era su forma de relacionarse con la comunidad, brindando un servicio que las mujeres del barrio valoraban y respetaban.
Ahora, las secuelas del ataque van más allá de lo físico. Los 60 puntos de sutura en su rostro son testimonio visible de la violencia sufrida, pero también representan la interrupción abrupta de su rutina laboral y la alteración de su vida familiar. El proceso de recuperación no solo implica la sanación de las heridas, sino también el trabajo psicológico para superar el trauma de la agresión.
Una comunidad que se solidariza
El caso de Vivian ha generado una ola de solidaridad en el distrito de Surquillo. Vecinos y conocidos han expresado su apoyo a la familia y su indignación por lo ocurrido. Muchos consideran que este tipo de agresiones no pueden quedar impunes, especialmente cuando afectan a mujeres trabajadoras que son el sostén de sus hogares.
La historia de Vivian se ha convertido en un símbolo de la violencia que enfrentan muchas mujeres en el país, pero también de la resistencia y la búsqueda de justicia que caracteriza a las familias peruanas cuando uno de los suyos es víctima de un ataque tan brutal.
Mientras continúa su recuperación física y emocional, Vivian y su familia mantienen viva la esperanza de que las autoridades actúen con la celeridad y firmeza que el caso amerita. Su lucha por justicia trasciende lo personal para convertirse en un llamado a que ninguna mujer trabajadora vuelva a sufrir una agresión de esta magnitud sin que los responsables reciban el castigo que merecen.